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Biografía

Cuinar per quedar bé. El plaer de convidar. Dolors Gómez.

Hoy, como tantas otras veces en mi vida, me dispongo a preparar una cena para unos cuantos amigos  a los que prometí que un día- otro más- se sentarían en mi mesa. Y como lo prometido es deuda – y conste que ahora me arrepiento con toda mi alma de beber demasiado con desaprensivos- , heme aquí con papel y lápiz intentando organizar la compra, el timming del acto,  que dirían mis colegas féminas, la despensa, la receta, la mise en place, que dirían los colegas del gremio y, cómo no, la artillería o arsenal de vajillas, copas y abalorios que dispondré sobre la mesa.

vajillasLa verdad es que mi herencia familiar es, aparte de una tonta  tendencia a las enfermedades cardiovasculares y una disposición a sufrir enfermedades oncológicas,  un buen  surtido de cristalerías y vajillas que pertenecieron a mi madre, mis abuelas y mi suegra; en gloria estén todas ellas preparando cáterings celestiales. Con todo ello, es decir, con semejante surtido de menaje de cocina y, habida cuenta de que no hay  ningún otro miembro  en la familia que se acerque a un fogón, es fácil que mi casa sea lugar de encuentro para todos los hambrientos de  mi misma sangre. Los amigos- Dios me libre de ellos, que de mis enemigos ya me libro yo, Jaime Balmes,  dixit- que me conocen demasiado saben que es fácil que caiga en la trampa del recuerdo memorable que nos dejó aquella cenita de San Juan  en tu terraza, aquel arroz con bogavante que nos preparaste el día del cumple de tu hija,  aquella tortilla de ajos tiernos y alcachofas que nos comimos aquel día de resaca, aquel rape con mouselina de pimientos que nos zampamos la Nochebuena del año pasado, etc, etc. Y a una,  que es débil y vanidosa, además de bocazas, se le humedecen los ojos, balbucea cosas cursis en torno a la amistad y la mesa, me tomo la tercera de Parxet, me saco el delantal y brindo por los nuevos separados, les pongo el brazo de gitano con coulis de frutos rojos que aprendí en la Hofmann,  las copitas de amarguiña que traje de Odeceixe con hielo y chorrito de limón; y ya,  con el cucharón  por estandarte y la mirada puesta en el infinito, juro “mientras yo esté aquí, a nadie le faltará un plato caliente”

canelones bien 2

Tengo que apechugar con mis promesas, me digo  a mí misma al día siguiente, no sin antes preguntar a mi marido qué fue lo que dije. ¡ La madre que los matriculó!.

Menos mal que una tiene recursos ( libros) para estos casos y hoy voy a echar mano de un ejemplar de la Dolors Gómez. Cocinar para quedar bien. El placer de invitar.

Voy a hacerte caso Dolors  y, esta vez,  va a ser apoteósico, porque pienso preparar una bullabessa que la van a oler desde Marsella. Y además voy a sacar la joya de la corona: la vajilla de La Cartuja que tenía mi madre.  Por cierto, aprovecho que tengo que revolver alacenas y armarios para dedicar a los/las principiantes en estas lides, algunos consejos sobre la elección de  cristalerías y vajillas que no están de más. ¿O pensabais servir la bullabesa en un plato de plástico?


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Por Ines Butrón
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