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Biografía

Congelados: nunca digas nunca jamás.

pulpo toñin

Dentro de pocas semanas el cocinero Iker Erauzkin publicará un nuevo libro. Esta vez, más que práctico, como le gusta definirlos a él, ya que se trata de un libro dedicado a los congelados.

A mí me parece una idea genial, porque el congelador y los ultracongelados también han salvado muchas vidas, como las latas y los liofilizados, y muchos de los inventos que la industria agroalimentaria -esa arma de doble filo- ha puesto a nuestra disposición. Es evidente que a todos nos gusta la mejor merluza de pincho, bien fresca; la mejor judía, bien tersa; la mejor patata, bien crujiente. Pero, ¿has estado convaleciente alguna vez? ¿Has tenido criaturas  o ancianos enfermos  a tu cargo y te has visto obligado a tirar de despensa? ¿Has estado escayolado y tus muletas han ido dando trompazos  por los pasillos del mercado? ¿Te han recortado el presupuesto para gambas frescas?

 

Hay muchas ocasiones en las que comprar a diario, incluso semanalmente,  se convierte en un problema. Entonces prima la organización y el congelador  y los productos congelados son,  entonces,  grandes aliados. Es una parte importantísima de la despensa a la que uno debe sacarle el máximo partido, y no servir únicamente como armario desangelado de helados y patatas.

En primer lugar hay que distinguir entre lo que uno puede congelar y lo que uno compra ya congelado. Como este es un tema amplísimo y ya he comentado que Iker lo explicará mejor que yo, simplemente adelantar que uno puede congelar casi de todo excepto patatas, pasta- si te gusta blanducha, allá tú- o fruta, por ejemplo. Los caldos, las salsas tipo boloñesa para pasta o como base de moussaka,  el tomate frito casero, la masa de croquetas o buñuelos, la farsa de unos canelones,  las legumbres cocidas ( siempre sin arroz y sin patatas), el pan de buena calidad-  léase Baluard-, las albóndigas, la carne empanada, etc.  Todo ello se puede guardar y tirar de veta cuando la ocasión lo requiera.

guisantes

 

 

Al margen de esto,  yo le suelo comprar al Sr. Eismann unas buenas patatas americanas con las que me hago unas bravas rapiditas, unas espinacas o una coliflor para hacer con bechamel, una judías boby para guarniciones- bien cocidas a la inglesa o al vapor, dan el pego-, unos guisantes para rehogar con cebolleta y jamón, una masa de hojaldre para preparar quiches varias o envolver solomillos de cerdo,  masa de pizza, algún pescado para hacer en salsa de almendras en  casos de apuro, frutos rojos para hacer coulis y añadir a los helados o las tartas de chocolate, una mezcla de setas bastante resultona, unas gambas peladas que no son las mejores del mercado, pero me apañan cenas – ¿hace un  revuelto con ajetes y gambas?-  o aguacates al estilo años 80  (qué tiempos!), alguna menestra un poquito más finoli con tirabeques,  mini zanahorias y mini panochitas de maíz…..

Todo en la vida tiene su momento. También los productos congelados que guardamos en el congelador. Ese gran desconocido.

 

Por cierto, no descongeles en el microondas. Sé un poquito organizado y déjalo la noche anterior en la nevera para que se descongele lentamente.  Otra cosa: si te has de comprar un congelador, mejor que no sea un arcón. Acabará como el baúl de Piquer: viejo, sucio y desordenado y tendrás que meterte en él con escafandra para encontrar los langostinos. Los de cajones son más ordenaditos.


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Por Ines Butrón
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