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Los pies de cerdo suelen tener mala prensa. La mayoría de la gente considera que son ultragrasientos y ultracalóricos, pero en realidad lo que tienen es muchísimo colágeno y gelatina, de manera que son perfectos para mantener las articulaciones ( tomen nota, señoras!) . Otra cosa es cómo los cocinemos. Las untuosas salsas de estos platos piden vino, buen pan y no tener que besar a nadie durante un ratito.

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A nosotros es un plato que nos encanta: rebozados en huevo y pan rallado, simplemente hervidos y recién sacados de un caldo con un poco de allioli, deshuesados con setas o con judías, con gambas, como en la foto posterior, en carpaccio, etc, etc.

pies gambas 3

De cualquier forma nos chiflan, pero requieren su tiempo y su gracia, por lo que no es un plato ni para impacientes, ni para principiantes.  Yo os aconsejo que los hagáis en invierno, sobre todo en febrero, tiempo de matanzas y de comilonas porcinas y carnavaleras. Con un poco de organización, podéis preparar este plato en menos tiempo que si lo dejáis todo para el último día. Ya sabéis, en cocina, quien planifica, gana. 

Os lo voy a  presentar de dos formas: a la manera de platillo, más rústica y sencilla, como para un buen esmorzar de forquilla.

platillo pies último

Y con una presentación más elegante, pero que tiene sus inconvenientes, pues la forma redonda se ha conseguido gracias al frío de la nevera que ha solidificado la gelatina y el colágeno  y le ha dado la forma del molde, cosa que perderán en cuanto les toque el calor, a no ser que  no os importe   que el interior siga un poco frío.

pies en molde allioli

En cualquier caso, yo os explico la receta y vosotros decidís.