ines agosto 2015

Para saber de mí lo mejor es que te sientes en mi mesa. Suelo hablar mucho ( demasiado)  en las sobremesas y escribo sobre lo que no me han dejado  contar. Me gusta madrugar, porque vivo cerca del mar y me encanta verlo amanecer cada día en mi  ventana. Con las primeras luces se ponen en marcha mis fogones. Vivo en un constante trajín de mercados, huertos y mareas.

No pierdo el tiempo jamás. A veces, apunto guiones para nuevos libros (de cocina, de memorias, quién sabe)  y otras, invento recetas que no sorprenden a nadie, pero que suelen estar apetitosas. En casa todo el mundo se sienta – puntualmente- en la cocina a las dos y a las nueve,  y eso es lo mejor que me ha pasado.  Suele suceder que se mezclen ingredientes y conversaciones de aquí y de allá. Casi todo es fusión en esta vida, el resto es imposible y carece de interés. En mis ollas están las voces de los viejos recetarios que habitan en mí. Desde Cádiz a Barcelona, pasando por  los Pirineos, he ido recabando todas las herencias comestibles. Me gusta  pensar que formo parte de una historia que se forjó entre cazuelas.

He escrito  en  los medios  y editoriales que me lo han permitido  sobre  todo aquello que tiene que ver con la  cultura gastronómica  que, evidentemente, es mucho, por no decir todo. Cocinar, después de hablar, es lo único que nos hace humanos  (Faustino Cordón dixit). He  hablado – cuando me han dejado- en algunas radios, televisiones y lugares para conferenciantes sobre hambre, alimentación y placer gastronómico. Tres temas que suelen, indefectiblemente, seguir este orden.  El Instituto Cervantes de Utrech me brindó una de las mejores experiencias de mi vida profesional. Hablar para aquellas gentes deseosas de conocer nuestros modos de comer le deja a uno borbónicamente satisfecho para los restos.

Como ya dejé atrás la juventud y las dudas inservibles, pregunto todo lo que no sé a quién se tercie y, a veces, me decepcionan las respuestas. Tengo problemas para aceptar la soberbia y la ignorancia presuntuosa. Me gusta sacarle brillo a todo: a la cocina que uso, al plato que sirvo, a la lengua que hablo  y a la hora que habito. Porque no hay mucho tiempo para casi nada,  por eso no te cuento nada más. Todo está en Internet, y, seguramente,  más  de  lo que  yo quisiera.

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 caricatura faro de ceuta

 

Reportaje Cuina 8:

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