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Biografía

Homemade o el Hecho en casa de Laura Conde. Now Books

 

Desde hace algún tiempo, todo es homemade en esta vida. Lo artesanal pega con fuerza y, si se trata de comida, todavía más. Precisamente, en esta línea de lo hecho por uno mismo, hace pocos días que anda por mi casa el nuevo libro de la periodista Laura Conde, Hecho en Casa, homemade, para los más modernos y su terrible manía de usar palabras anglosajonas para todo.

Anteriormente a este homemade culinario, su primera incursión en el mundo de la literatura gastronómica ( ese es el género hablando en propiedad) fue para asegurarnos que la felicidad está en una croqueta y se dedicó a destriparlas todas,  a explicarnos cuántas creaciones se podían llegar a lograr  mezclando bechamel y lo que se tuviera a mano. Una especie de delicioso deliriums tremens.

En esta ocasión, el subtítulo del libro decía No volverás a pisar el súper!, lo que significa que, en este caso,  la felicidad no andaba entre la beatífica salsa bechamel, sino en la huida de esas tardes de agobios y atropellos entre pasillos y ofertas, sorteando personajes femeninos y maduros que Laura Conde describe muy bien porque vienen a ser la personificación del mal en el espacio angustioso del consumo organizado.  En este libro, pues, no se dice donde está la felicidad, pero al menos te advierte por dónde no debes pasar para no ir a parar directamente al infierno.

No hacía mucho otro sello editorial había lanzado otro Hecho en Casa escrito por Pau Arenós( otro homemade) unas recetas firmadas por el periodista para demostrar sus cualidades culinarias y su conocimiento de una tendencia que ya pegaba fuerte lejos de nuestras fronteras.  Creo que le llaman homemade. Y al parecer es mucho más que una tendencia, es casi forma de vida. La moda del  háztelo tú mismo abarca  un  número  inmenso de personas, estresadas o no, de todas las condiciones sociales y culturales, dispuestas a hacerse pan, ganchillo  o queso en casa.  Muchos motivos se funden en esta fiebre del yo me lo guiso, yo me lo como, a saber, la preocupación por la salud, la desconfianza en la industria agroalimentaria, el compromiso por un consumo responsable, el boom de la gastronomía y el fenómeno foodie, la crisis económica,la fascinación por el pasado.

Obviamente, yo estoy de acuerdo con muchas cosas menos con la fascinación por el pasado. Más  que nada porque yo ya tengo una edad y yo me crié con Danone, como todos los hijos del Baby Boom, viví el drama del aceite de colza, celebré con alegría  la llegada de la carne roja a los hogares españoles, el fin del chocolate de algarroba, la leche condensada  con agua caliente para desayunar y el paté Mina. Cualquier tiempo pasado fue mejor no es una premisa indiscutible en el terreno de la alimentación. La seguridad alimentaria en España es, a pesar de todo, reciente  y poco valorada.

¿Entonces, por qué hablar de un libro que nos alienta a hacernos nuestras propias conservas, lácteos, panes o lo que se tercie en casa si a mí la modernidad me trajo el jamón de pato y las mermeladas inglesas ( maravillosas!)? Porque este libro,  esta tendencia,  no hacen sino recuperar, eso sí, lo que de verdad  es y significa saber cocinar: ser responsable de tu propia alimentación. Alguien que aspire a aprender a cocinar no puede pretender acumular montones de recetas- en libros que nunca se leen-, cuanto más exquisitas mejor, debe saber gestionar unos recursos en forma de alimentos que estarán en su despensa , nevera o congelador, sacarles en máximo de provecho en el tiempo que se disponga, adaptarse a las necesidades nutritivas de la familia que lo consume, acomodarse al presupuesto económico, encontrar placer  en el arte de darles nuevas y mil variadas versiones  a los mismos productos, ser y hacer felices a los que se sientan en nuestra mesa. Ahí es nada.

Imagen. http://pollocuk.com/wp-content/uploads/2013/04/despensa-600×370.jpg

De eso, y no de otra cosa, se ocupaban los libros de cocina hasta hace bien poco. Bastaría  con ojear  El PracticónCarmencita la buena cocinera, best seller culinario en la España de los 50 para darse cuenta de que el saber práctico que llamamos cocina consiste en aprovechar, modificar, conservar, alargar, extraer  de los alimentos todo su partido. El colmo de la creatividad! Bien pensado, pues, hacer pan en casa, yogurt, aromatizar un aceite, una mermelada o una conserva de pimientos puede parecernos el summum de la modernidad en el imaginario alimenticio de los que se han criado en las mieles- industriales- de los últimos 30 años, pero es el meollo mismo de la cocina. De ahí que la cocina haya sido siempre ese lugar inhóspito, esclavo,agotador, carcelario y traumático del que las mujeres han huído siempre….hasta ahora.

 Y es que ahora la cocina tiene glamour, es mediática, ociosa y cultural, moderna y democrática, socializadora y multicultural, incluso femenina, aunque no feminista.  Es además un espacio limpio, luminoso, tecnificado, que cuenta con yogurteras, panificadoras, termomix, ronner y la superamasadora KitchenAid  de 600 euros para las tartas más impresionantes. Con tal cantidad de juguetes, quién no vuelve a la cocina????

Reflexiones tontas a parte y volviendo al meollo del libro. Por qué un Hecho en Casa? Porque no pisarás tanto el súper ( ya lo ha dicho Laura al principio), porque te asegurarás que las magdalenas que comes son más deliciosas y llenas de buen aceite de oliva, porque tus botellitas de vinagretas originales y coloridas le darán vida propia a tus ensaladas, porque tu requesón se hace en un plisplas y no hay excusa, porque tu pan huele en toda la escalera de vecinos y es la envidia de los compañeros de tu hijo, porque tu tomate frito es ese que sabe a tomate-tomate y te salen unas albóndigas que te c., porque tus hamburguesas son de carne bien fresca y bien picada y te lo pasas pipa poniendo lo que te sal…., porque tus fondos de ave y de carne son tan monstruosamente buenos que ya no hay forma humana de echarle  tetrabrik a una paella porque te la tiran por la cabeza, etc, etc. Y encima, es más barato.

En definitiva, porque cuando uno toma las riendas de su cocina encuentra un espacio de libertad que no imaginaba, donde ser, respirar y comer como a uno le de la gana. Y eso bien vale un pequeño esfuerzo.

 

 

 

 


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Por Ines Butrón
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